“Ah, pero Macri”

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

Un poco de reduccionismo histórico y epistemológico. Seguime chango.

Uno de los rasgos culturales que distinguen el “salto” de la Edad Media a la Edad Moderna en el mundo occidental es el desarrollo de las ciencias, que en un par de siglos se desembarazaron primero de la religión y después de la metafísica.

Hoy parece evidente que religión y ciencia deben ir por caminos separados, pero antes no era así. La religión, fundada en un dogma, demanda fe, es decir, la “virtud teologal” de reconocer la revelación de Dios; la gente de fe cree en los milagros y punto. La ciencia, por otro lado, está basada en axiomas apoyados en la razón y sólo acepta fenómenos y demostraciones racionales.

Los momentos más sórdidos de la Edad Media se dieron por imperio del oscurantismo religioso. A saber: la Inquisición.

Pero tampoco se llevan bien la ciencia y la metafísica, porque mientras la primera se apoya en los fenómenos, la segunda lo hace en cierta presunta inmutabilidad-esencial-de-todo-lo-que-es, cuya demostración es racional pero estrictamente especulativa, de modo que nadie nunca pueda mostrarle a nadie nunca la esencia de nada.

A la ciencia le alcanza con el fenómeno, la “manifestación de una actividad que se produce en la naturaleza y se percibe a través de los sentidos”, y el fenómeno se manifiesta en una relación de causa y efecto, una concatenación de momentos.

Cualquiera que haya dedicado algo de tiempo a tratar de entender un proceso, o sea, un conjunto de fases sucesivas de un fenómeno o hecho complejo, sabe que, como apuntaba el filósofo escocés David Hume, para la causalidad son necesarias tres condiciones: contigüidad, sucesión y conexión necesaria: que los sucesos “A” y “B” estén cerca en el espacio o en el tiempo, y que haya “algo” que determine –posiblemente la experiencia– que cada vez que “A”, entonces “B”. En ciencia ningún acontecimiento nace de un repollo. Sólo los repollos, que no son acontecimientos.

“AH, PERO MACRI”

El “Ah, pero Macri” surgió hace unos meses como un talismán para proteger a los que acusan a Alberto y a Cristina de haber encabezado los dos peores gobiernos de la historia. Si alguien cuestiona la “herencia macrista”, responden: “Ah, pero Macri”; o sea: “Háganse cargo”.

Es una chicana meticulosamente elaborada que tiene un trasfondo aterrador: la negación de los procesos históricos, de la causalidad, del fenómeno, de la ciencia. El “Ah, pero Macri” para cancelar el debate es la vuelta al oscurantismo medieval, a la alquimia.

El mal del presente es obra de Alberto, que se conecta cósmicamente con el mal del pasado que es obra de Cristina, sin pasar por la etapa intermedia, el gobierno de Macri, protegido por un domo mágico. En el medio de un proceso histórico, la ahistoricidad, el “edit” de la Historia.

Y mientras le exigen a Alberto y a Cristina hacerse cargo de haber tomado más deuda que Macri, y de llevar la inflación a nuevos récords, avanzan: “Te prometieron asado y te dieron polenta”; “Se liberan presos, los narcos vuelven a los barrios y los trabajadores vivimos con miedo”; “Es urgente que le digamos basta a este Gobierno que no para de atacar la libertad de educar, trabajar y crecer”.

De poco sirvió que Guzmán refutara en el Congreso la falacia de la “baja deuda macrista”; ya era tarde, al punto que, como señalaba Navarro en un editorial, si la mentira hubiese quedado aclarada, las encuestas no estarían tan parejas en algunos distritos. Macri, con su cinismo y desvergüenza, sigue siendo probablemente el candidato perfecto para calzarse el traje de Guaidó y jugar al maniqueísmo venezolano.

EN CHACO TAMBIÉN

Este sábado, al término de un acto de campaña en el interior, y luego de haber sido increpado por un puñado de docentes, Jorge Capitanich le dijo a un periodista: “Me parece bien que reclamen, pero que le reclamen a Mauricio Macri, que le reclamen a Polini, que es su representante, porque el veinte por ciento del deterioro del salario real lo tuvieron con Macri en 2018 y 2019”.

Hubo indignación en las redes, pero Capitanich no mentía: “Después vino la pandemia, aplicamos la cláusula gatillo, y a partir de este año estamos recuperando el salario real. El gobierno que más recuperó el salario real de los trabajadores docentes fue mi gestión, 2007-2015. Ellos (los docentes que lo increparon) representan ideológicamente a la oposición. Me parece que lo que tienen que hacer es reclamarle a quienes los representan”.

Es posible que las encuestas le indiquen al gobernador que el voto gorila docente (que no es todo pero no es poco) no le va a hacer mella en el triunfo, y de allí su arrogancia; también es posible que haya perdido la paciencia, como cuando rompió el Clarín. Pero los comentarios en los posteos de esa entrevista desvanecen cualquier sospecha sobre de qué lado está cada uno: la frase más repetida de la jornada por sus detractores, como no podía ser de otro modo, fue “Ah, pero Macri”.