Nos rodean la manzana

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

Días atrás un dirigente meditaba que el peronismo es de base territorial, y por eso pierde la pelea en las redes sociales, donde la oposición hace pata ancha. Huelga aclarar que a veces el peronismo no hace méritos ni en el territorio, pero el argumento de que todo se reduce a “saber usar las redes” no es suficiente para explicar ni la derrota electoral en las PASO, ni un fenómeno en el que éstas, las redes, son un engranaje más en una maquinaria compleja y con intereses y agenda propia.

Como apunta el académico Dênis de Moraes, el sistema mediático actual fija sentidos e ideologías, “seleccionando lo que debe ser visto, leído y oído por el conjunto del público”, y sus discursos “están comprometidos con el control selectivo de las informaciones, de la opinión y de los juicios de valor que circulan socialmente”. Difunden a los “intelectuales mediáticos” o “especialistas” que legitiman sus intereses, y combaten y descalifican “ideas progresistas y alternativas transformadoras”.

Puestas en este contexto, las redes son la parte del “sistema mediático” que brinda, a través de la participación de usuarios e influencers, insumos para la construcción del discurso hegemónico. No es que los peronistas o los troscos no puedan decir lo que piensan: todo el mundo dice lo que le da la real gana; lo que ocurre es que el sistema mediático procesa únicamente lo que interesa a sus fines. Y cuando lo hace, lo hace tan rápido y con tanto oficio que cuando se ensaya una respuesta, la agenda ya se corrió a otra parte.

El caso de la discusión entre el gobernador Jorge Capitanich y el dirigente gremial Mohamed Ali Acuña, de la agrupación “La Fuentealba”, durante una actividad en Los Frentones, es el más reciente de esos ejemplos. Acuña le reprochó a Capitanich no haber cumplido con su compromiso de recuperar el salario del sector; éste le contestó que sí lo había hecho, hasta donde la pandemia lo había permitido, y que seguiría por ese camino; aquél le dijo que no era cierto; éste arremetió con una catarata de porcentajes e inversiones, etcétera.

Alguien filmó la discusión, acalorada como cualquier debate político, la subió a las redes y minutos después era nota en La Nación y otros medios hegemónicos, donde lo que se resaltó no fue el valor de que un jefe de Estado, que anda por la vida sin custodia, discuta cara a cara con un ciudadano en un pueblito del Chaco en lugar de refugiarse en su despacho, sino que estaba “sacado”. Su pecado era la falta de moderación. Incluso se sugirió que el sindicalista había sido arrestado, lo que fue categóricamente desmentido.

De más está decir que no importa si es un dirigente sindical o un militante radical; Acuña es, sobre todo, un docente. Y los docentes cobran sueldos miserables. Su reproche es legítimo y también su indignación. Asimismo es necesario advertir que la actitud del gobernador fue la que debe esperarse de un dirigente político que se hace cargo de su gestión y milita sus ideas. Ambos, dentro de sus respectivos tonos, razones y enojos, hicieron lo que correspondía: debatieron. Y si aún no está de acuerdo, Acuña, a través del voto, tendrá la última palabra.

Jorge Capitanich, como otros peronistas de todo el país, es objeto permanente de esta articulación que arranca con un posteo a menudo replicado por referentes de la oposición (p.e. el diputado radical Livio Gutiérrez, que se dirigió a Acuña como “el turco”), salta a la prensa nacional y es nota del día, retorna a las redes multiplicada a través de dirigentes y periodistas (influencers y operadores) y en programas de radio y televisión; invade foros parlamentarios transformándose en repudios legislativos, y se apaga lentamente adoptando su forma definitiva: el meme.

Desde estas líneas entendemos que el “voto bronca” tiene casi siempre una explicación sociológica legítima, y también somos conscientes de que en ocasiones conduce a los pueblos al borde del abismo, como les pasó a los yanquis con Donald Trump y a los brasileños con Jair Bolsonaro. La postal del Capitolio tomado por bandas armadas de ultraderecha que afirmaban que Trump estaba siendo víctima del fraude, o la de Bolsonaro amenazando con declarar el estado de excepción y gobernar con las fuerzas armadas porque un magistrado lo investiga, son buenos ejemplos de lo que puede pasar cuando “bronca” es todo lo que hay detrás de un proyecto político.

Mientras vemos cómo esos fenómenos nos rodean la manzana, y sus mecanismos materiales se replican al pie de la letra en nuestro suelo (“sistema multimediático con flexibilidad operacional y productiva, que incluye amplia variedad de iniciativas y servicios digitales, flujos veloces, espacios de visibilidad, esquemas globales de distribución, campañas publicitarias mundializadas y técnicas sofisticadas de conocimiento de los mercados”) haríamos bien en reflexionar sobre el rol hegemónico de estos actores que, como decía Chacho Jaroslavsky, “atacan como partido político y se defienden con la libertad de prensa”.