Poné la marcha, que no muerde

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

Dice Diego Genoud que Manzur “comenzó a sufrir el síndrome de Jorge Capitanich y a notar que la hiperactividad sin norte no resuelve los problemas de fondo”.

Si lo conociera, sabría que a Capitanich la hiperactividad no le vino con el cargo nacional, y que “norte” –agenda, programa– siempre tuvo. En términos de cosechar porotos, con “hiperactividad” ganó cuatro generales al hilo y unas cuantas legislativas.

Pero aunque el sistema republicano no haya cambiado mucho desde la Antigua Roma, la forma de comunicar en política sí lo hizo. De las recorridas casa por casa de 2007 al montaje de un líving en un estudio de televisión hay un salto mortal, la ficcionalización definitiva.

Fue una revolución silenciosa pero imparable. Meta remasterizar y digitalizar. Los militantes fueron reemplazados por community managers, la arenga al vecino por posteos con emojis y hashtags.

En el proceso, el político, comunicador por antonomasia, se convirtió en insumo. Los nuevos amos, millennials para los que “épica” podría ser el nombre de una banda indie, pusieron sus condiciones: “Ok, boomer, no queremos juglarías, queremos una story: quince segundos”.

Pero todo salió mal y media docena de videítos editados para Tik Tok y Whatsapp, donde el contexto nunca es bienvenido, y cuatro ñatos acopiando reclamos en la sobremesa de un asado, le presentaron pelea a un gobierno entero y le ganaron una primaria. De nada sirvió la campaña paralela, académica, de retórica intrascendente en la que les candidates prometieron ocuparse de esto y lo otro.

DIY (do it yourself)

Capitanich finalmente entendió que si no cerraba filas a puro tú a tú se le venía la noche. A la insustancialidad de las redes y a la retórica intrascendente de les candidates, opuso, por fin, una respuesta analógica, de misa ricotera. Y cambió la clave de la disputa porque no hay nada más lindo que los actos de toda la vida. Bien old school.

Los millennials dirán que hubo demasía en el homenaje a Néstor. Que no debió decir “sobre las cenizas de los traidores construiremos la patria de los humildes”, sin importar si la frase es de Evita o de Cersei Lannister. Pero así se ganaba en los buenos tiempos, con mística, que es lo que hace que un pueblo se sobreponga a la adversidad. Tal vez no sea demasiado tarde.

Poné la marcha, que no muerde.