“Rumble in the jungle”

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

La tensión de la víspera, la calma que precede a la tormenta, que para complicar las cosas no fue sólo metafórica, alcanzó una intensidad inédita este sábado. Y es que desde 2007 había bastado con tenerlo a Coqui en el rincón rojo, pero esta vez no parecía suficiente.

Esta pelea era distinta. No era “sólo” una elección de medio término.

Es verdad que, a nivel local, la hasta ahora mayoría oficialista “con quórum propio” no le había dado muchas alegrías al Ejecutivo, al punto que la UCR hasta se dio el lujo de paralizar el parlamento durante dos meses; un diputado más o uno menos no iba a cambiar esa dinámica.

Pero una derrota iba a alejar a Capitanich de cualquier aspiración razonable a nivel nacional. Posicionarse en estas legislativas era esencial para su futuro, sobre todo pensando en el sinuoso camino que tiene el gobierno de Alberto Fernández por delante. El problema era que Chaco Cambia + Juntos por el Cambio venía de ganar 44,93% a 38,39% y nadie creía que Coqui fuera capaz de revertir el resultado. Excepto él mismo.

Cuenta la leyenda que en 1974, en los días previos a “la pelea del siglo” (“Rumble in the jungle”) durante los entrenamientos Muhammad Alí le repetía a su entrenador la clásica frase que usaba antes de cada combate –“Bundini, ¿vamos a bailar? ¡Sí, vamos a bailar toda la noche!”– y éste sonreía para no desmoralizarlo, y respondía “Sí, vamos a bailar toda la noche”, pero secretamente rezaba para que George Foreman no lo mandara al hospital. Sólo Alí creía en Alí.

Las respuestas que obtuvo este cronista off the record por parte de analistas, referentes y dirigentes de ambas fuerzas políticas de cara al último domingo fueron coincidentes: Coqui no gana. No llega. Pierde por cinco puntos. Achica a cuatro. Derrota digna. Los coletazos de la paliza a Alberto se sentirán en Chaco. Fin de ciclo.

Nadie creía en él. Ni la propia tropa. Porque él pedía un salto de fe y la tropa, entre memes y encuestas ad hoc, veía enfrente a George Foreman en su mejor momento. “Sí, Ali, vamos a bailar toda la noche”, le respondían con sonrisas forzadas y un nudo en la garganta.

Por supuesto no fue una pelea fácil y tuvo que transpirar más de la cuenta, pero Capitanich demostró que todavía está en forma como para ponerse una campaña al hombro y dar vuelta una elección en dos meses. Quedarán para la anécdota la profecía de Ángel Rozas anticipando el fin de ciclo del montenegrino, y el mensaje evangélico de Coqui en un último intento de rescatar las ovejas perdidas del rebaño.

Pero como números son amores, el resultado, que no fue holgado pero sí categórico, convierte en abstracta cualquier discusión sobre la previa. A saber, Capitanich encabezó una remontada épica y pasó de aquel 38,39% de las PASO al 43,12% en diputados provinciales. El macrismo, por su parte, se quedó en 42,75%, es decir, perdió más de dos puntos.

En términos de escaños el Frente de Todos, que ponía en juego nueve, perdió uno, y el macrismo, que renovaba seis, ganó uno. Ocho y siete respectivamente. Asimismo, el Frente Integrador, con 8,1% de los votos, logró el retorno de Darío Bacileff Ivanoff a la Legislatura provincial, y el PO se quedó sin la única banca que tenía.

La elección también dejó un dato político insoslayable: en la pelea de semifondo, la derrota del Frente de Todos en los distritos gustavistas. Pese a la remontada, el CER perdió de manera inapelable en el Departamento Fontana, territorio del villangelense Adalberto “Titi” Papp (51,96% a 38,12%); en Chacabuco, donde María Luisa Chomiak, jefa comunal de Charata y candidata a diputada nacional, cayó 52,46% a 39,71%; y en San Fernando, donde la lista del intendente de la capital chaqueña perdió 40,46% a 38,26%.

No cabe duda de que Gustavo Martínez achicó una brecha que parecía imposible y eso contribuyó al triunfo provincial, pero el resultadismo de los argentinos, en lugar de reconocerle el sacrificio, dejará para la historia el dato duro: Gustavo perdió su pelea y se complican sus aspiraciones al título.