Marcos mentales

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

En una entrevista con El Destape Radio, Jorge Capitanich calificó de “grave” la influencia de la corporación mediática en la realidad política argentina: “Es competir en un partido de fútbol con cancha embarrada e inclinada; tus probabilidades de éxito son cercanas a nulas. Esto no puede funcionar así, y tiene que ver con la hegemonía de los medios de comunicación y la capacidad de regulación. Los medios no se autorregulan: responden a intereses específicos”.

Admitió que la ley 26.522 (de medios) “ha demostrado ser insuficiente para la regulación (…) pero es un tema que si bien no define una elección, construye marcos mentales: ellos están permeando mucho a nuestros votantes, y nosotros tenemos una impermeabilización en los votantes de la oposición. Ellos están blindados a la penetración nuestra, y están penetrando con mayor eficacia en nuestros votantes”.

“La propuesta es una corrección de dos o tres artículos de la ley 26.522 para garantizar mecanismos de equidad. Por lo menos tener algunas regulaciones básicas desde el punto de vista de la información, del tiempo de exposición, y poder construir desde la exposición de los partidos y las alianzas electorales, mecanismos para exponer con mayor precisión sus propuestas concretas”, ejemplificó.

“Tenés 24 horas por día militantes de ellos (en la comunicación tradicional y no tradicional: diarios, radio y televisión, y una hegemonía en las redes); eso es una asimetría severa. Quien gobierna puede intentar reducir ese impacto desde el Estado, pero deberíamos tener un mecanismo de mayores reglas de equivalencia. Esto le ocurre a Estados Unidos, a Europa, le ocurre al mundo. Si no corregimos los esquemas de concentración de la discursividad, algoritmos, etcétera, estamos ante un problema serio”.

REACCIÓN

El debate sobre libertad de prensa que se desencadenó a raíz de esas declaraciones es, en buena medida, sobre libertad de empresa. Capitalismo puro y duro. Las empresas siempre reaccionan con hostilidad cuando escuchan la palabra regulación. Y si no miren Billions o Succession. Así que dejemos algunas cosas en claro.

Primero, la voz autorizada para dar cátedra sobre libertad de prensa nunca puede ser la del director de un diario. La honestidad intelectual se cancela cuando la voz del periodista es, en rigor, la voz de la empresa. El director de un diario es un agente del dueño, no un librepensador o un delegado de sus compañeros de Redacción.

Y a riesgo de caer en un reduccionismo un poco tosco, diré que la palabra clave, transversal a todas las empresas preocupadas por la libertad de expresión, es “pauta”. Por eso es capcioso culpar al “eterno oficialista” Julio Wajcman por cerrar buenos negocios con el gobierno de turno, dado que están todos en el mismo barco, todos aprietan como partido político y se defienden con la libertad de prensa.

También es cierto que publican noticias y hacen, cuando están de arte, periodismo.

BAJO SIETE LLAVES

Como no hay ley de pauta y nadie divulga esos datos, sólo contamos con las ocasionales filtraciones o con denuncias como la de Gustavo Martínez respecto al monto que le reclamaba Norte, para hacernos una idea de lo que está en juego y de cuánto hace falta esa plata para mantener las rotativas en funcionamiento. Sobre todo en tiempo de vacas flacas.

Según el Instituto Verificador de Circulaciones (IVC) en marzo de 2016 Norte vendió 11.784 ejemplares (380 por día); en marzo de 2020, cuatro años después, 6211 ejemplares (200 por día), una caída del 47%. Estos datos habrán empeorado durante la pandemia. Imposible cubrir los costos operativos de Editorial Chaco vendiendo 200 diarios por día.

Tampoco se puede compensar con publicidad privada en un mercado constreñido, o con clics en los banners de la web. Por lo tanto, como en todo el país, la pauta oficial es la principal fuente de financiamiento de la prensa escrita, radial y televisiva, y las empresas reciben cantidades millonarias por ese concepto. Por eso un famoso dirigente empresario chaqueño suele bromear: “Los medios son becados jerarquizados del Estado”.

Para tener una idea de cómo van las pulseadas por la pauta, el “diálogo” entre estos grandes medios y el gobierno se puede seguir en sus páginas, en sus editoriales, en sus zócalos. Y no son mensajes entre líneas: son titulares filosos como cuchillas, porque además se han perdido las formas y ya no negocian como caballeros. Por eso la apelación ética como argumento empresario es una tontería.

De todos modos no está de más aclarar que los medios locales, al reaccionar a los dichos de Capitanich no hicieron más que solidarizarse con la prensa hegemónica: saltaron a defender a Clarín y La Nación, que de ellos hablaba el montenegrino. Tocan a uno, nos tocan a todos.

SEMINARE

La preocupación de Capitanich acerca de esa mala costumbre del neoliberalismo de apropiarse del Estado para satisfacer intereses minoritarios está presente en el seminario que dictó a fines de octubre en la Uncaus: “Populismo: ¿pensamiento o praxis política?”

Allí afirma que el neoliberalismo “tiende a promover la polarización ideológica (…) entre incluidos y excluidos” ocasionando crisis de representatividad y desconfianza en el sistema político. Naturalmente, los medios hegemónicos son actores relevantes en esa dinámica.

En el seminario Capitanich habla del “framing”: “La realidad objetiva implica reconocer la complejidad de las sociedades modernas y los marcos mentales que tan nítidamente sostiene George Lakoff en su libro ‘No pienses en un elefante’ para cimentar y estructurar el poder político”. También se explayó sobre los “marcos mentales” en la entrevista de 3500Noticias y EsChaco del 2 de noviembre.

La teoría de los marcos o encuadres o “framing theory” de la que habla Capitanich, y que también mencionó en su polémica entrevista radial con Roberto Navarro, se utiliza como herramienta para investigar la forma en que se construye la percepción de la audiencia sobre los temas de la agenda pública difundida por los medios.

Asevera que los “frames” condicionan la percepción de la realidad por parte del individuo, que “forma un significado sobre una realidad de manera autónoma, aunque existan significados sociales comunes”. El comunicador Javier Acevedo abunda: “Una noticia es una construcción textual, incluso visual, y el framing sostiene que el periodista selecciona aspectos de una realidad, otorgándoles mayor relevancia informativa, creando así un marco para ver ese aspecto de la realidad donde se sugerirán juicios morales y se propondrán soluciones. Siempre van a escogerse ciertos aspectos, pero hay que estar vigilante también a los aspectos que no se revelan”.

Por ejemplo, para informar sobre los resultados de las elecciones en Chile, La Nación escogió un encuadre y tituló: “Tensión. El Gobierno califica de ‘pinochetista y rupturista’ al ganador de la primera vuelta en Chile”.

Robert Entman dice que “el framing implica un proceso de elección determinando en qué términos se discute sobre un tema”. Para eso se usan los estereotipos y las simplificaciones apelando al sistema de creencias del espectador. En la nota de La Nación, la palabra clave “tensión” y la afirmación de que es “el Gobierno” el que califica de pinochetista al ganador, crean un marco para condicionar la percepción del lector.

Curiosamente, otra noticia del mismo diario se titula: “Quién es y qué propone José Antonio Kast, el pinochetista que ganó las elecciones en Chile…”, y en el cuerpo asevera que el dirigente es “defensor de la dictadura de Augusto Pinochet”.

CONCENTRACIÓN MEDIÁTICA

En 2019 la periodista India Molina brindaba el siguiente ejemplo a propósito de un informe de Tiempo Argentino y la Asociación de Reporteros Sin Fronteras: “Una persona que mientras desayuna navega en su celular por las noticias, escucha radio en el trayecto al trabajo, eventualmente hojea un periódico impreso en el almuerzo y a la noche pasa un par de horas mirando televisión, ha recibido un 25% de información producida por un mismo grupo. Aquí es donde puede evaluarse, en toda su magnitud, el alcance de la concentración mediática; uno de los males que aquejan a la región”.

La concentración mediática asociada a pulpos empresariales más y más poderosos opera comunicacionalmente cartelizando el sentido. Así, los “marcos” o “encuadres” son compartidos por toda la red de medios pertenecientes al Grupo Clarín, y más adelante reproducidos por medios satelitales que no tienen negocios con El Gran Diario Argentino pero sí ideas afines. En cuestión de minutos han cooptado la agenda nacional con sus propios marcos.

A lo largo de su existencia Clarín ha realizado operaciones de prensa, operaciones judiciales y operaciones de mercado, y las sigue haciendo. La teoría de los marcos ayuda a identificar la forma en que se propagan e implantan posicionamientos “de sentido común” en la opinión pública, para atacar gobiernos que obstaculizan sus negocios o para sensibilizar a la sociedad respecto a los intereses de la propia empresa. En ese sentido, Capitanich ha hablado del recurso de la sinécdoque, figura retórica según la cual la parte es tomada por el todo: “Los intereses minoritarios (la parte) buscan disfrazarse de intereses generales (el todo)”.

Cuando se analiza la uniformidad de los encuadres como mecanismo para condicionar el sentido común, y se observa que detrás hay una enorme concentración de poder económico entre empresas mediáticas, formadores de precios, acreedores privados del Estado y apostadores disfrazados de financistas en una Argentina cada vez más empobrecida, se comprende que lo que está en juego no es la libertad de prensa. Es la soberanía en su más profunda acepción.

Esta es una nota extensa y aún así sobrevuela la mayoría de los temas sobre los que intenta llamar la atención. El problema de Jorge Capitanich cuando habló con Navarro fue intentar la síntesis de un seminario en un minuto y medio. Por eso hasta Mendoza On Line ofreció su propio “frame”: “El dinosaurio Jorge Capitanich, retrógrado y antidemocrático”.