¿Quién va a juzgar a los jueces?

Opinión Política

Por Cristian Muriel

La gente habla pestes de la política y de los políticos. Intenta distanciarse de ellos; disociarse de ella. Por supuesto encabezan el ránking los poderes ejecutivos. Luego las legislaturas. Nunca los poderes judiciales. Los poderes judiciales no son sus “jueces malos”, como la Iglesia no es sus curas pedófilos.

Ahora bien: no existe tal cosa como “la gente”. Estas corrientes de opinión –mayormente condenatorias– han sido convenientemente implantadas para favorecer su divulgación. Como en Inception, la de Di Caprio. Y si hay algo que mostrar –un gobierno corrupto, una campaña de vacunación ineficaz, una economía devastada, promesas rotas– también parece haber algo que ocultar.

Algunas ideas son más fáciles de implantar que otras, pero hay que retener que detrás, siempre, opera “la Corpo”. Son individuos con intereses particulares, como cualquier hijo de vecino, pero también son un colectivo organizado con mucho dinero y poder que tiene todo el tiempo del mundo para dar la batalla (me remito a George Lakoff para la síntesis histórica de cómo se conformó esa corporación en EEUU: las analogías aparecerán solas).

Se podría discutir con Fopea si la bajada de línea de La Nación sobre los “jueces malos” que persiguen a Macri y los “jueces buenos” que investigan a Cristina es o no es periodismo. O si cuando La Nación dice “nosotros” al referirse a la derrota opositora en el Congreso por la Ley de Bienes Personales y le cuenta las costillas a les diputades radicales que faltaron a la sesión, está haciendo periodismo o no. Pero cuando aparece una filtración como el video de la Gestapo Macrista o Mesa Judicial Bonaerense se acabó la discusión: ahí está el laboratorio. La cocina.

House of Cards

A título de ejemplo volvamos a uno de los blancos predilectos de estas construcciones ideológicas: las legislaturas. Incluso Jorge Capitanich, consciente del desprestigio de ese Poder en algunos sectores de la sociedad, en su propuesta de reforma política de 2019 pidió discutir la reducción de bancas.

Hay toda clase de diputados y diputadas: holgazanes, brutos, obedientes, contradictorios, disruptores, lobbistas. Incluso cuadros políticos. Algunos se pasan cuatro años procesados, aferrados como garrapatas a sus fueros; otros van por el bronce. Pero en su conjunto todos y todas consagran un valor democrático fundamental: el imperio de las mayorías a través del voto.

Por eso sigue habiendo buenas leyes en los parlamentos argentinos, gobierne quien gobierne. No todas, pero si Raúl Alfonsín, el Padre de la Democracia, promulgó el Punto Final, hay que valorar que Cristina, la Yegua, haya podido promulgar el Matrimonio igualitario, y que Alberto, el Pollerudo, lo haya hecho con la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE).

El mito de los diputados corruptos no ha roto, por el momento, la capacidad de las legislaturas argentinas y del Congreso de hacer su trabajo. Y cuando lo hizo (como con el tristemente célebre escándalo de las Banelco) era toda la democracia la que se estaba derrumbando, precisamente producto de la presión de esa Corpo.

La Justicia

La filtración del video de la Mesa Judicial Bonaerense o Gestapo Macrista documenta el lawfare que se han cansado de negar la oposición en Twitter, La Nación y Clarín en sus sistemas multiplataforma (que involucra a todos los medios periféricos que repiten como loros), y unos cuantos jueces al sobreseer imputados y desestimar denuncias.

Es una Gestapo por la persecución para-estatal que prefigura, y es una “mesa judicial” porque el objetivo es encausar y encarcelar al enemigo para hacer fluir negocios. Ahí no hay colados: están representados y/o delegados todos los poderes y todos los niveles del Estado, y también el empresariado.

Como dice el juez Juan María Ramos Padilla, quien de paso cree que estamos frente a un “golpe blando” y marchará el #1F por la renuncia de la Corte: “Un juicio laboral dura años y acabamos de ver un grupo de atorrantes que involucra a la AFI, miembros del gobierno de la provincia, del gobierno nacional, diseñando cómo iban a hacer para modificar las leyes laborales y para meter presos a sindicalistas”.

La Mesa Judicial no es una aventura cuentapropista de la misma forma que el espionaje macrista no es una travesura de agentes díscolos. Es utilizar la estructura del Estado para perseguir ciudadanos.

Por eso al recapitular la historia reciente, desde “La ruta del dinero K” hasta los partidos de tenis en la Quinta de Olivos entre Macri y los jueces de Comodoro Py; el nombramiento de dos jueces de la Corte por decreto; las causas chupadas por Comodoro Py para evitar que se corra el telón del encubrimiento corporativo (la de espionaje ilegal que terminó con el sobreseimiento de Arribas y Majdalani y la que involucra a Stornelli y Marcelo D’Alessio); el pronunciamiento de la Corte ante la ley del Congreso del Consejo de la Magistratura de la Nación; al recapitular esos hitos es imposible no pensar en la degradación putrefacta del Poder Judicial de la Nación.

Lo que está en juego, diría Lilita Carrió, es la República. ¿Quién va a juzgar a los jueces?