¿Autocrítico zen o sociópata?

Locales Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

El intendente Gustavo Martínez acusa a Emerenciano de pertenecer a una “dirigencia antigua, vetusta y violenta que ya pasó de moda” por pintar el cerramiento de obra de la Plaza 25 de Mayo con grafitis que cuestionan el gasto multimillonario que ordenó el Ejecutivo municipal para refuncionalizar ese espacio verde.

Ojalá todas las violencias tuvieran forma de grafiti. Violencia denunció en 2015 el Partido Obrero cuando realizaba una pintada en el muro de Radio Nacional Resistencia y “una patota que responde a Gustavo Martínez” de 30 personas “armadas con palos y piedras (y algunos de ellos exhibían facas y hasta un arma de fuego)” los atacaron provocándole heridas al entonces precandidato a gobernador por esa fuerza política, Aldo García, y a una mujer embarazada de cuatro meses.

Considerando la trayectoria del hombre del Santa Inés, la frase sobre la dirigencia que atrasa podría ser una autocrítica, un signo de su propia evolución personal, pero también la respuesta de un sociópata que no puede sentir culpa ni remordimiento, al que no le importan ni las opiniones ajenas ni los archivos. Porque si hay un representante de “la vieja política” es Gustavo Martínez.

Se lo dijo Alicia Ogara, mosquetera de Aída, en septiembre de 2011 cuando éste se negaba a aceptar el sistema de voto electrónico: “No es sorpresa que rechace las nuevas herramientas de expresión ciudadana, porque él es referente de la vieja forma de hacer política”.

Y vaya que rechazó las nuevas herramientas: cuando supo que Aída lo había derrotado en las elecciones movilizó a decenas de agentes de Sameep –empresa que en ese momento presidía– hacia el depósito del Tribunal Electoral Provincial y con un piquete de acólitos, camiones y tractores mantuvo bajo asedio el lugar durante un día entero.

La vieja política también es la que no puede explicar de dónde sale la plata.

En enero de 2020, al comienzo de su breve gestión al frente de Sameep, Pablo Sánchez detalló a 3500Noticias la “pesada herencia” que le habían dejado sus predecesores, Claudio Westtein, cuñado de Gustavo Martínez, y el propio Gustavo. Los números eran voluminosos; el destino de los fondos, insólito.

$ 22 millones por mes para pagarle a 4184 becados. $ 8 millones por mes para bancar a 1599 contratados del Programa Mejor Vivir. $ 30 millones por mes para financiar a más de 600 periodistas, bailarinas de zumba, referees de torneos infantiles de fútbol y payasos. $ 22 millones por mes en publicidad de todo tipo. $ 177 millones por mes para completar los ingresos de 800 cooperativistas del Equipo Hábitat, y una deuda previsional de $1.400 millones con el InSSSeP.

Suena hasta infantil el dictamen del Tribunal de Cuentas de la Provincia, que en julio de 2019 recomendó iniciar un Juicio Administrativo de Responsabilidad contra Gustavo, Westtein y otros funcionarios por presuntas irregularidades administrativas por algunos convenios de pago a proveedores. Si la empresa de agua y cloacas de la provincia destinaba el dinero de los usuarios a pagarle el sueldo a payasos, había más que presuntas irregularidades.

Tanto es así, que en junio del año pasado Eduardo Aguilar, enemigo jurado de Gustavo, se preguntaba en Norte si Pablo Sánchez había denunciado penalmente el descalabro heredado, si el Tribunal de Cuentas había aprobado esas gestiones sin observaciones, si los extitulares de Sameep pasaron el juicio de residencia, si la justicia electoral había evaluado cuánto costó la campaña de Gustavo a intedente de Resistencia y cómo se la financió, si algún fiscal había actuado de oficio ante las declaraciones de Sánchez y si la Fiscalía de Investigaciones Administrativas había hecho algo.

“El tema con G. Martinez no es la eficiencia, sino uno previo: ¿Vale destruir al Estado para competir en elecciones? ¿Es legítimo que se postule quien actúa así?”, redondeaba.

Releamos ahora la indignada respuesta de Gustavo ante los grafitis de les emerencianes: “Repudiamos estos hechos vandálicos llevados adelante por Emerenciano Sena y Marcela Acuña, contra el patrimonio de la Ciudad y contra todos los vecinos. Es imposible lograr una ciudad con desarrollo, que crezca y con trabajo digno, si seguimos teniendo una dirigencia antigua, vetusta y violenta que ya pasó de moda”.

El lector y la lectora sacarán sus propias conclusiones.

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