Agitadas pascuas

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

El oficialismo provincial atraviesa una semana complicada. La casa no está en orden. Y Capitanich, que tiene la cabeza puesta en otras coordenadas espaciotemporales, no está feliz.

Dos son los frentes con los que el montenegrino pretende poner en marcha la próxima etapa de su gobierno y de su vida política: el primero es de gestión, y se presentó esta semana como “Chaco Crece Unido”, un plan económico con inversiones de $ 85 mil millones y la promesa de crear 40 mil empleos en cinco años.

El segundo frente es el ordenamiento político de su espacio.

En el acto del Día de la Militancia del año pasado, Alberto Fernández propuso la institucionalización del Frente de Todos. Chaco se dio a la tarea de ser el primer distrito en lograrlo, y lo presentó, también, esta semana.

El mensaje es claro: mientras Alberto, virtual precandidato 2023 del “albertismo”, fracasa en su morosa “guerra contra la inflación” y suspende la actividad oficial para asistir al nacimiento de su hijo Francisco, Capitanich, también autoproclamado precandidato 2023, le hace una verdadera guerra a la inflación y ordena su tropa.

El problema es que pocas horas después de haber hecho la presentación, los integrantes del Frente de Todos Institucionalizado se estaban acusando de las peores fechorías.

De los 28 partidos políticos que figuran en la lista como firmantes del acuerdo programático, cuatro tienen representación parlamentaria: el PJ, el Nepar, el Frente Grande y el PTP. La Cámara de Diputados fue el primer campo de batalla porque mientras el Frente rubricaba su programa y objetivos, el parlamento elegía las autoridades de sus comisiones.

La primera en denunciar una maniobra para arrebatarle la presidencia de la Comisión de Recursos Naturales, que ejercía desde 2019, fue la legisladora del Frente Grande Tere Cubells. “Fue un negociado”, dijo sin vueltas. Quedó como presidenta la peronista Jessica Ayala, hija putativa del peppismo pero actualmente, afirman, más cercana al gustavismo o con intereses menos reñidos.

Desde esa comisión Cubells se había opuesto durante todo 2021 al traspaso de espacios verdes de jurisdicción provincial a la Muncipalidad de Resistencia. Sostenía que era una táctica para aceitar negocios inmobiliarios. Incluso hubo una sesión en la que la actual presidenta del Poder, Eli Cuesta, la defenestró.

Lo mismo le pasó al otro socio por izquierda del FdT, Rodolfo Schwartz, a quien le birlaron la presidencia de la comisión de Tierras, Regularización, Desarrollo del Hábitat y Vivienda, que quedó en manos de la diputada gustavista Gricelda Ojeda.

Schwartz, como Cubells, expresó su descontento en las redes: “Disputas ‘palaciegas’, dirán algunos, pero el ámbito donde se dan es más parecido al ambiente que se llevó la vida de cuatro obreros en las cloacas del Gran Resistencia”.

El otro socio minoritario con representación parlamentaria en el Frente de Todos Institucionalizado es Juan José Bergia, del Nepar, quien, a diferencia de sus colegas progresistas, fue ratificado en la presidencia de la Comisión de Obras y Servicios Públicos.

Igual que Eli Cuesta, Bergia no dudó en quejarse de Cubells y Schwartz por dejar sin quórum las sesiones en las que se debía votar el traspaso de espacios verdes al Municipio.

Finalmente, uno de los supuestos socios de la institucionalización, el massista José Sánchez, denunció que su partido, el Frente Renovador, no estaba en ese armado, y por lo tanto no era un verdadero Frente de Todos, como el nacional, conformado por tres patas -el massismo, el kirchnerismo y el PJ- sino un “rejunte kirchnerista”.

Además, advirtió que el Partido para el Desarrollo y la Igualdad (PDI) que había sido incluido en la nómina, ya no existía, y que justamente esa fuerza había sido reconvertida a Frente Renovador, denominación actual según la Justicia Electoral.

Mientras el albertismo se alinea detrás de la “política económica” del ministro Guzmán/FMI, un sector del FdT juega la última carta para tender un puente con la vicepresidenta Cristina Fernández y llegar con posibilidades al año que viene.

Ese puente sería Jorge Capitanich instalado en el Palacio de Hacienda (fungiendo tal vez como superministro al absorber la cartera de Producción). Si consiguiera darle una vuelta de tuerca a la impopular gestión de Alberto Fernández, su candidatura estaría garantizada. Pero en el apuro quizás esté subestimando los dolores de cabeza que le pueden traer las riñas domésticas.

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