Dos delirios y un amor

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

Da la impresión de que Alberto Fernández cedió tanto terreno que si pide un taxi y se va a la casa nadie notará su ausencia. En 1955, cuando la “Revolución Liberadora” ya era una realidad, Perón comentaba: “Yo estoy de más. Soy como aquel aficionado de relojero que sirve para desarmar un reloj, pero ya no sé armarlo. Tanto he estado maniobrando con las piezas que, ahora, la única forma de que el reloj siga andando, es que yo lo deje”.

Pero Alberto por suerte no lo deja y por desgracia no hace nada. Desdibujado bajo el peso de la interna y dentro de un gobierno que no escribe su propio guión, es desplazado de la centralidad por Martín Guzmán, intérprete del Fondo en el país, órgano que a fin de cuentas marcó el camino para los próximos años. Guzmán dice que el rumbo económico no se cambia y el portavoz del Fondo lo confirma. Y que hay crecimiento. Por supuesto la imagen del gobierno se desploma.

Las consecuencias del retorno de Argentina a un programa del FMI son responsabilidad de Mauricio Macri y sus cómplices, pero la negligencia del FdT, que no supo levantar un muro de contención a tiempo y no reacciona a nada, le facilita las cosas al aparato comunicacional de la derecha, que desvirtúa cada anuncio y se solaza con las estupideces de Milei mientras su aparato político se rearma. Para ellos hay 2023.

Coquismo y Gustavismo: dos delirios, un amor

Si la interna del FdT nacional la encabezan Cristina y Alberto, en el FdT Chaco los protagonistas son Jorge Capitanich y Gustavo Martínez. No son gobernador y vice pero cogobiernan: Coqui la provincia; Gustavo Resistencia, el Poder Legislativo y algún ministerio.

Ambos, Gustavo y Coqui, están acostumbrados a negociar fuerte. En la disputa preelectoral de 2021 Gustavo incineró a sus socios del CER, eso que podría llamarse “gustavismo” y no es otra cosa que la moneda de baja denominación de sus partidas de póker, y Coqui entregó un par de soldados, eso que podría llamarse “coquismo” y no es otra cosa que los últimos exponentes de una raza en extinción. Al final cerraron filas.

Días atrás Gustavo, que refunda la realidad cada vez que abre la boca, ratificó su voluntad de ir por la reelección en la capital, pero horas más tarde dijo que si Capitanich quiere ser presidente él será candidato a gobernador. Al parecer, a Coqui no le molestó.

Como los funcionarios de Capitanich, vengan o no de la política, no la ejercen, es poco lo que pueden hacer para evitar su propia desaparición al término de la actual gestión, más allá de intentar, como último recurso, acercarse a Gustavo. Hay un segundo grupo, una suerte de “coquismo sin Coqui” que se reúne clandestinamente para derrotar al hombre del Santa Inés, pero por las bajas temperaturas parece demasiado cómodo en esa clandestinidad.

Coqui quiere gobernar tranquilo, que la gestión fluya para que las inversiones se consoliden y mejoren el aparato productivo e industrial, mientras planea el siguiente paso de su carrera política, a esta altura una ambición razonable. Así leída, su interna con Gustavo no sería otra cosa que una sucesión de acuerdos políticos para garantizar la gobernabilidad, y ya estaría resuelta de cara a 2023 aunque en el entramado del Frente de Todos nadie se quiera dar por enterado.