No es Capitanich el que equivoca el rumbo

Opinión Política

Por Cristian Muriel

Este sábado Coqui se paró definitivamente en la vereda opuesta a la de Sergio Massa, y por lo tanto también a la de Cristina Fernández de Kirchner. Porque así como él y la Liga de Gobernadores Peronistas respaldaron a Alberto para que tomara la decisión que hiciera falta para no sucumbir al golpe de mercado, la vicepresidenta se sacó una foto fatal con Sergio Massa. Y nadie va a pensar que justamente ella no conocía su hoja de ruta.

En el discurso de Capitanich no hubo referencias directas a los cambios de gabinete pero todos los tiros fueron para el mismo lugar.

Respecto a los anuncios del flamante Ministro de Economía, poco hay para agregar a la caracterización de Claudio Lozano: “son una paritaria del gobierno con el poder empresarial, el establishment financiero y el FMI”. En el único apartado en el que Massa habló de la gente se refirió al tarifazo energético disfrazado de subsidio segmentado: “Entre los más de 9 millones que pidieron mantener el subsidio se va a promover el ahorro por consumo”, dijo Massa y precisó que “en luz se subsidiará hasta 400 kilowatts”.

Claro: si podían borrar a una ministra de Economía antes de que acomodara sus cosas en el Palacio de Hacienda, tranquilamente podían borrar el compromiso de no volver a aumentar las tarifas. Con perversa ingenuidad, la vocera presidencial Gabriela Cerruti fue incluso más allá: “No esperamos que paguen más tarifas sino que reduzcan un poco sus gastos”. Posmacrismo al palo.

Esa misma noche, la agencia de noticias del Estado publicó un cable que buscaba morigerar la reacción adversa ocasionada por el baldazo de agua fría, en el que voceros no identificados de la cartera de Hacienda aclaraban: “No es lo mismo utilizar 400 Kw en Capital Federal que en el noreste del país, donde se cocina con electricidad”. Pero la implementación del nuevo cuadro tarifario sigue adelante, y nadie volvió a hablar de una “tarifa diferenciada” para la región.

Tarifa diferenciada que se constituyó en una de las banderas del Consejo Regional del Norte Grande, y en la gran frustración de Jorge Capitanich. De hecho, la provincia de Salta, que forma parte de ese colectivo, es desde mediados de 2021 beneficiaria de los subsidios al gas por pertenecer -al menos durante una parte del año- a las denominadas “zonas frías” del país. El beneficio también incluye a Córdoba y Mendoza. Para ser un gobierno peronista, el de Alberto muestra una generosidad asombrosa con los distritos que no lo son.

Capitanich sabe que un nuevo golpe al bolsillo de los chaqueños y chaqueñas puede hacer cuesta arriba el último tramo de su actual administración y sus posibilidades de avanzar sin zozobras hacia un nuevo mandato. Y sabe, sobre todo, porque conoce el paño, que Massa se presenta como un amigo del mercado y de EEUU que viene a ejecutar un ajuste ortodoxo con apenas algunas pinceladas de ayuda social para descomprimir aquí y allá.

El discurso del montenegrino marcó con claridad meridiana que los “espacios de base progresista” que hay en América Latina son los únicos que ponen coto y límite a la voracidad de las corporaciones, pero “para eso es necesario tener un pueblo unido, organizado, movilizado” y un Estado fuerte.

Por eso advirtió: “Argentina tiene un escenario de oportunidades, pero no vamos a ganar las próximas elecciones pareciéndonos más a los conservadores”. Y es que, más allá de los acuerdos que pueda hacer Sergio Massa con los agroempresarios que no liquidan la cosecha, de las ventajas que pueda ofrecerle al sector financiero o de la buena onda que tenga con los directorios de los bancos extranjeros, si no se le cae una sola idea para la clase media sólo estará haciendo el trabajo sucio del próximo gobierno. Que, seguro, no será un gobierno popular.