El discurso del método periodístico

Opinión Sociedad

Por Cristian Muriel

Viajemos al futuro. Marzo de 2025. David Letterman y Jesús están sentados frente a frente. Bajo la intensa luz del estudio, el periodista ojea una tablet que tiene sobre el regazo, repasa algunos datos y la deja en una mesita al costado; Jesús se recuesta sobre el respaldo del sillón y recorre con la vista el auditorio a oscuras. Tiene el pelo más corto que en los cuadros, la barba rala, jean y una remera. Parece un taxista de Brooklyn.

–¿De veras crees que eres el Hijo de Dios?, pregunta Letterman y se acaricia su larga barba blanca. Jesús sonríe:

–¿De veras crees que eres un profeta?

Ambos ríen. El público ríe. Se rompe el hielo.

Letterman desarrolla la idea:

–Hubo varios personajes de la Historia que se creyeron elegidos y las cosas no terminaron bien.

–Bueno, déjame decirte, David, que para la humanidad las cosas no terminan bien.

El auditorio reconoce el gesto técnico del Mesías con un sonoro: “Uuuhhh…”. Letterman asiente y dispara, para herirlo:

–María Magdalena…

Ahora el “Uuuhhh” está dirigido al entrevistado pero, sorpresivamente, Letterman cambia de tema:

–Dejemos de lado las revistas del corazón y hablemos de tu resurrección… No te voy a pedir que mueras y resucites –hace una pausa, mira con picardía al público– pero sí que obres algún pequeño milagro. Quizás puedas multiplicar… –busca alrededor, toma la tablet de la mesita ratona– esto.

Jesús lo mira con severidad, no por la blasfemia sino por violar el acuerdo que habían hecho antes del programa: “Nada de milagros”.

La entrevista nunca levanta vuelo. No es de las mejores que ha hecho Letterman. Transcurren los minutos con los contendientes a la defensiva, asestando y esquivando golpes, hasta desvanecerse entre aplausos lánguidos, al punto que Jesús ni siquiera se despide con una profecía o una bendición. No se lo había visto tan enojado desde su irrupción en el templo para echar a los mercaderes.

///

Viajemos al pasado. Año 2000. Jorge Lanata entrevista en “Día D” a Charly García, que estuvo detenido en Rosario. Como si quisiera dejar claro que no es cualquier entrevistado el que tiene en frente, Charly le cuenta que el presidente lo invitó a la Quinta de Olivos y le dijo que era su fan.

Lanata no se deja impresionar:

–La música está arriba de la política, gracias a Dios. Si no, estamos perdidos. El arte está arriba de la política. Suponiendo que hagas arte.

Ahora es él el que quiere dejar claro que no es cualquier periodista el que está haciendo la entrevista. Charly negocia:

–¿Sabés lo que es el arte?

–No, ¿vos?, –insiste Lanata.

–Cagarte de frío, –remata y ríe.

La gente en el estudio ríe también, pero el aire se ha puesto denso como el humo del interminable cigarrillo del periodista.

–No, no es sólo eso, –dice Lanata–. Hay un montón de gente que se caga de frío…

Charly lo interrumpe:

–¿A vos te parece que yo soy un artista?

–No lo sé. ¿Te digo en serio? No lo sé. Yo creo que hiciste grandes cosas, y que después te empezaste a copiar a vos, y que te das cuenta.

Charly pierde la paciencia:

–Yo pienso que vos sos un pelotudo.

–Gracias.

–Pero “bien”, –aclara el músico–.

–¿Y cómo es un “bien pelotudo”?

–Y… sale por televisión.

///

Hace unos días Tomás Rebord entrevistó en su programa de YT al exjefe montonero Fernando Vaca Narvaja y se desencadenó en las redes y en los medios tradicionales un debate deontológico o metodológico sobre periodismo. El que más le pegó fue Alejandro Bercovich.

“Lo que hace daño es la permanente asociación de lo bueno a joven, nuevo, canchero e irreverente sin importar el contenido (…) hacía falta un periodista formado para escuchar las respuestas y repreguntar (…). (Rebord) debería formarse y leer muchísimo”, cuestionó públicamente el periodista de “Radio/Diario Con Vos”.

¿Por qué se enojó tanto Bercovich? Por la presunta indolencia del “youtuber” ante el relato romantizado y la autoindulgencia de Vaca Narvaja sobre la Contraofensiva Montonera (“El capítulo final y más terrible de la lectura errada de la conducción montonera sobre la coyuntura real”, al decir de Martín Rodríguez en “elDiarioAR”).

“Si no querés conocer la historia de Vaca Narvaja antes de hablar con él, –pontifica Bercovich– asunto tuyo. Si hay gente que te celebra, te felicito. Pero si querés hacer grande la Argentina otra vez y no hacerles un favor a los represores, mejor leé un poco sobre qué fue la Contraofensiva montonera”.

Y así.

Martín Rodríguez matiza su análisis de Rebord/Vaca Narvaja con uno de los “sueños” de Akira Kurosawa; luego cuenta que en 2010 entrevistó a Pipo Lernoud mientras desde la mesa de al lado los escrutaba un envejecido Roberto “Pelado” Perdía; recuerda las críticas de Walsh a la conducción de Montoneros y concede que hay un término medio, un lugar plausible entre los extremos del “pus de los setenta, sus dolores y agujeros”, como dice Florencia Angilletta, en el que seguramente debió haberse ubicado Rebord: nunca debió haber sacado al guerrillero del agujero oscuro en el que lo sepultó la Historia.

En “Panamá” Mariano Schuster, que pondera o justifica, condescendiente, a Rebord, lo compara con el peruano Guerrero Marthineitz, con Jesús Quintero (“El Perro Verde”) y hasta con Lanata, para decir que abreva de esas fuentes y que el formato no es nuevo. Si bien le regala una exégesis del “Método” (“La idea del programa está basada en que el entrevistado construya su autonarración”) Schuster también le baja el precio.

///

Aclaremos algo: Rebord no tiene problemas de autoestima. Los pelea. Tiene la audacia de los pendejos. Pero no es cierto que no lee o no investiga a sus entrevistados, y no hay dudas de que el formato de “El Método”, que por algo se llama así, es deliberado.

Y lo que logra… Mamita querida… lo que logra son las mejores entrevistas políticas que se han hecho en los últimos años. Y son un material mucho más valioso (porque así, en bruto, se pueden analizar, interpelar) que un diálogo ardiente entre dos púgiles.

Porque –y he aquí el meollo de la cuestión– lo que no se bancan Bercovich y los demás –aparte de los celos profesionales– es que alguien haga una entrevista sin pretender erigirse en heraldo del público, sin creerse a la altura o por encima del entrevistado, como el pelotudo de Letterman el día que entreviste a Jesús o el infame de Lanata frente a Charly García.

No puede haber un duelo de egos entre un entrevistador y un entrevistado; no digo que esté mal arrinconar al asesino para que diga “la verdad” (no tengo opinión al respecto) pero el debate sobre el papel de la conducción de Montoneros en la Contraofensiva no lo va a zanjar Vaca Narvaja con un perentorio “nos equivocamos”; lo va a dirimir la Historia, que junta muchos más fragmentos que aquellas confesiones que cree arrancarle un periodista a un actor de la historia.

Lo que hace Rebord y que ellos son incapaces de hacer es algo maravilloso: cerrar el orto para que el otro hable.