Newsfare

Opinión Política

Por Cristian Muriel

Fernando Sabag Montiel se precipitó febrilmente a una locura sin retorno, como Mark David Chapman, el asesino de John Lennon, en 1980, pero su fantasía de que el aumento del dólar se resolvería matando a Cristina y todas esas pequeñas historias que fue hilvanando y que lo condujeron el jueves a la noche hasta el tumulto que la rodeaba en la puerta de su casa, fueron alimentadas por los títulos y las imágenes de bolsas de cadáveres y siluetas de la vicepresidenta colgada de una horca, por las “señoras bian” con cartelitos que decían “Néstor vení a buscarla, te extraña, plis”, y por los medios que propalaron maliciosamente esos mensajes. Como Alex DeLarge, el protagonista de La Naranja Mecánica, Sabag Montiel había sido programado, pero para matar.

Hemos llegado a naturalizar tanto la procacidad y la violencia discursiva (muchos medios a reproducirla inopinadamente escudados en la aparente neutralidad del “no maten al mensajero”) que casi le disparan en la cara a la vicepresidenta de la Nación y, más allá del sobrecogimiento inicial, seguimos como si nada.

Sentimos que estas cosas ocurren en una dimensión que no se toca con la nuestra: el no-lugar de las noticias y las fake news y los posteos de Granata y los tuits de Feinmann. Pero esto no es nuevo: los vecinos del barrio que vociferan “Ojalá vuelvan los milicos, que vuelva el orden”, en los años setenta también fueron objeto de distracciones parecidas y vivieron cómodos con ello. Cómodos y en silencio mientras el país era desangrado por poderosos grupos económicos.

El ataque a Cristina no fue sólo producto de que a un neonazi se le pegaron los platinos, porque aunque Sabag Montiel haya visto una zarza ardiente que le decía “Ve y mata”, ya se había gestado un clima deletéreo que los medios se encargaron de amplificar durante años, y la sociedad de naturalizar. Nos preocupamos tanto por el “lawfare” que dejamos de prestarle atención al fenómeno que es transversal a todos los demás: el “newsfare”.

No está de más recordar que la oportunidad de tener una prensa democrática y federal comenzó a desmoronarse cuando, durante el último gobierno de Cristina Fernández, la Justicia le otorgó al Grupo Clarín cuatro medidas cautelares contra la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual; naturalmente, una de las primeras acciones de gobierno de Macri en 2015 fue modificar los artículos de la norma que le permitían a Clarín hacerse de todas las licencias que quisiera.

Asimismo, la oportunidad de tener un gobierno peronista que cuidara los intereses de las mayorías populares comenzó a desmoronarse cuando Alberto Fernández se arrepintió de expropiar Vicentín. Hoy, “con el diario del lunes”, sumergidos en una espiral de ajuste que no sabemos a dónde nos llevará, hay gente que piensa que Alberto efectivamente expropió Vicentín. Y no sería raro que en unos días aparezca algún pelotudo feliz con el solidario “Todos somos Tedi”.

Advierto, no sin amargura, un clima mucho más parecido al que sobrevino a la muerte de Perón (de clamor tilingo por la aniquilación de todo lo que represente peronismo) que de reflexión. Cuando leo a Patricia Bullrich o a Alejandro Aradas y a sus fans, e imagino a decenas de jueces otorgándoles cautelares para que sigan con su guerra de guerrillas contra la democracia, me desanimo.

Los grupos económicos y conglomerados empresariales que utilizaron las dictaduras para multiplicar sus ganancias violando leyes y tratados saben que todavía hay mucho recurso para saquear y no lo quieren compartir. Devaluar y eliminar retenciones para la felicidad de los agroexportadores es un vuelto. Quieren definir quién va a explotar el litio argentino por los próximos cincuenta, setenta años; quién se queda con el agua dulce; quién exprime los yacimientos de petróleo y gas no convencional; quién rastrilla las aguas del Mar Argentino… Y los medios o son un aliado fundamental en ese proceso, o son un enemigo jurado.

Como siempre, abrigo la esperanza de que el Pueblo no se equivoque. Porque hasta cuando la decisión correcta parece una mala decisión, los que están del otro lado son los tipos que matan. No los locos sueltos: los que los alimentan todos los días para ser un poco más ricos cuando se van a dormir de lo que eran cuando se levantaron por la mañana.