Apis mellifera scutellata

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

Si hay un bicho que tiene buena prensa es la abeja. Su fama atraviesa la historia, desde la iconografía de la religión mitraica de la antigua Persia hasta los primeros cristianos, que antes de que se modernizara el culto daban a probar y les hacían lavar las manos con miel a los iniciados. La fama de las abejas es anterior a Maya y Barry Benson.

Por eso hay que reconocer el acierto de marketing de promocionar la candidatura a gobernador del radical Juan Carlos Polini convirtiendo su apellido en la ecológica y valiosa acción de polinizar. No importa si todo empezó como un chiste en una escuela primaria cuarenta y cinco años atrás.



En su masiva publicidad en Google y en portales de noticias de la provincia, Polini, representado como una abejita, hace del mundo un lugar mejor, y en su web oficial lo explica de esta manera: “Polinizar significa cambiar, volver a la cultura del trabajo, vivir en comunidad, organizarnos de manera sencilla, tener sentido de pertenencia, dar lo mejor de uno…”.

También tiene un decálogo denominado “Mi pensamiento”, del que vamos a tomar tres mandamientos: 1) “No robar”, 3) “Organizar y administrar el Estado igual que nuestra casa”, y 4) “Ayudar a los que producen, a los que trabajan, a los que generan trabajo”.

Cabe aclarar que Juan Carlos Polini, aparte de diputado nacional por el radical-macrismo y de exintendente de Coronel Du Graty, es un exitoso empresario dueño de una cadena de farmacias y titular de Cotone S.A., empresa con la que siembra más de 7.100 hectáreas de algodón, además de otros cultivos extensivos, y posee dos desmotadoras, una en Santa Sylvina y otra cerca de Villa Ángela, capaces si operan al 100% de procesar más de 650 toneladas de algodón por día. Antes de ser abeja, Polini se definía como “fanático del algodón”.

LOS MANDAMIENTOS

Primer mandamiento: “No robar”. Lejos de este artículo está acusar a Polini de ese delito. Nuestro objetivo es aclarar que el sentido en el que usa el término no es ni el bíblico ni el del Código Penal, sino el del relato de la prensa hegemónica. Para Polini, los que roban son los políticos peronistas. “No robar” no es un imperativo moral sino una frontera ideológica. Así, “robar” es que el Estado se quede con parte de la renta del empresariado, y “no robar” es liberalizar la economía. Si Polini es una abejita, el Estado peronista es el picudo del algodonero. En otras palabras: no quiere que le roben -con impuestos- la que gana, pero cuando tiene que pedir un préstamo por $450 millones, reclama el acompañamiento del Estado.

Tercer mandamiento: “Organizar y administrar el Estado igual que nuestra casa”. Cuando economistas como Carlos Melconian usan esta analogía, es por aquello de que “no se puede gastar más de lo que se gana”, ejemplo fácilmente asimilable a la economía doméstica, en donde, entre otras cosas, no hay máquinas para fabricar dinero. En el caso de Polini, el axioma es un hechizo para “bajar” el discurso técnico al lenguaje cotidiano llevando el acto de la escucha activa de la ciudadanía a la simplificación soez, como cuando analizó el cuadro tarifario de Secheep. Así legitima su propio pensamiento, que no es otro que el del beneficio propio.

Cuarto mandamiento: “Ayudar a los que producen, a los que trabajan, a los que generan trabajo”. Es decir, a sus empresas y las de sus amigos, complementario del sexto mandamiento: “Ayudar a los que menos tienen”.

APIS MELLIFERA SCUTELLATA (ver en Google)

Hay tres antecedentes que interpelan los mandamientos de Polini y que lo convierten en un versero marca cañón.

El primero se remonta a su rol en la función pública: en 2015, luego de ganar la intendencia de su localidad, por resolución “desafectó” a un grupo de trabajadores y trabajadoras municipales que habían pasado a planta en la gestión anterior. El atropello fue repudiado por el Concejo Municipal y la Justicia le ordenó reincorporarlos. Seis años después de haber sido dictada la sentencia, Polini persistía en su desobediencia judicial –delito tipificado en el Código Penal, Art. 239– sin dejar que los agentes regresaran a sus puestos de trabajo.

El segundo hecho se relaciona con su actividad privada, esa que defiende contra los atropellos del Estado. A fines de 2021, Agustín Bordón, secretario general adjunto del Sindicato de Camioneros del Chaco, denunció al empresario algodonero por tener trabajadores en negro en la desmotadora de Santa Sylvina y pagar los fletes también en negro para abaratar costos, además de evasión impositiva y maltrato laboral. Lo que explicaría al menos en parte cómo el gringo laburante se convirtió en multimillonario a pesar de la injusta presión impositiva de la que fue víctima.

“Uno de los trabajadores del autoelevador lleva más de once años prestando servicio y está completamente en negro, sin ninguna cobertura médica. También los que están dentro de la misma desmotadora llevan diez u once años de trabajo dentro de la empresa en negro. No están regularizados en ningún sindicato”, le dijo el dirigente sindical a Canal 9, y aseguró que eso “fue constatado por organismos oficiales”.

Unos meses antes había sido denunciado ante la Fiscalía N° 3 de Villa Ángela por un hombre de 39 años, Gabriel Golliard, por una supuesta agresión física y verbal dentro del municipio. De acuerdo a su relato, luego de una discusión en la oficina del bloque de concejales del PJ, “el intendente llegó, entró a la oficina pateando la puerta, se acercó y me empezó a tirar golpes de puño, a lo que yo reacciono y me atajo”.

Como sea que los creativos del equipo de marketing de Polini hayan visualizado la estrategia de asociar su apellido a las siempre respetadas abejas, parece que en el camino de crear un personaje pintoresco lograron algo más importante: lavar la imagen de un funcionario y empresario patotero, insensible y posiblemente negrero.

Hay algo que no mencionamos en esta nota, y es que las abejas, al margen de su buena prensa, además de polinizar, pican; y a veces, al picar, matan.