Agenda, soberanía y pragmatismo

Nacionales Opinión Política

Por Cristian Muriel

El concepto de “agenda” es bien conocido en el mundo de la política y en el de los medios de comunicación, y es uno de los hilos de los que se podría tirar para entender cómo funciona el poder en la Argentina.

Hay muchas agendas, en todos los rubros, pero la que importa es la de quien ejerce el poder, y cuando ésta está en sintonía con la “agenda” de las mayorías, es decir, cuando ha conseguido imponerse en el sentido común, entonces ni siquiera importa lo importante.

Desde mucho antes del conmovedor discurso de Raúl Alfonsín en la Sociedad Rural, acaso la primera denuncia de la etapa democrática contra Clarín, hasta la 125, hubo un ejercicio hegemónico del poder (y de la agenda) por las corporaciones, más fuertes que los milicos o los carapintadas, que el sindicalismo y que cualquier contrato electoral hasta ese momento.

El kirchnerismo también se enfrentó a Clarín y a toda esa cría, los agarró con la guardia baja (ahítos, no se habían recuperado de la fiesta menemista y de la sangrienta sobremesa de diciembre de 2001) y la relación de fuerzas cambió. A ese conjunto de actores los llamó “La Corpo”; los puso a la defensiva, les disputó el poder y por un buen tiempo se los arrebató. Fueron días felices.

“La Corpo”, furiosa y desnuda, acuñó el sambenito de “relato K”, lo que demuestra que por fin tenía enfrente un enemigo que ostentaba su propia narrativa y por supuesto su propia agenda, y una vez que superó la perplejidad comenzó a pergeñar la recuperación del territorio con una herramienta que hasta ese momento no se había utilizado: los buenos oficios de fiscales y jueces, periodistas y legisladores, que se dieron a la tarea y consiguieron en poco tiempo que el poder volviera a sus antiguos dueños.

Esa dialéctica hoy completamente restaurada en favor de “La Corpo” es una entelequia que ningún político, y menos los de ahora que vienen menos preparados de fábrica, entiende bien dónde comienza o dónde termina, porque ya dijimos que son muchos actores, desde la Sociedad Rural hasta la Embajada de EEUU, y todos los agentes y lobbystas que penetran redacciones, juzgados y parlamentos, y pareciera una película de conspiraciones y logias, y eso a los políticos los abruma, de modo que escogen, humildes, correr detrás de una agenda ajena, algo así como “el progreso” o “el futuro” o lo que quiera que sea, y olvidarse de todo lo que les enseñaron en la escuela o en la facultad o incluso en la iglesia.

Cuántas veces escuchamos decir que la pobreza o la ciencia o la conservación del ambiente no están en la agenda de los políticos. Tampoco defender nuestra soberanía. Pero según la agenda sí parece importante cuidar a Vicentín del deseo vehemente e insaciable del peronismo de quedarse con los bienes de los emprendedores, permitir el libre comercio en la Hidrovía Paraná-Paraguay y meter presa o matar a Cristina.

SOBERANÍA Y PRAGMATISMO

Justamente a propósito de la Hidrovía, días atrás LPO publicó una investigación que debió haberse convertido en un escándalo nacional, pero fue sistemáticamente sepultada por ese conjunto de actores que llamamos “La Corpo” y, por omisión cómplice, por la clase política que corre detrás de la agenda mediática.

LPO denunciaba conversaciones entre el embajador norteamericano en Paraguay Marc Ostfield y empresarios de ese país para habilitar la presencia de tropas de EEUU en el tramo paraguayo de la Hidrovía Paraná-Paraguay, desde la Triple Frontera hacia el sur. Las charlas incluían el correspondiente lobby para que el parlamento derrumbara o encontrara la forma de burlar las barreras legales que impiden la instalación de milicias extranjeras en territorio soberano.

La rápida reacción del diputado chaqueño Hugo Sager, que instó a la Legislatura provincial a manifestar su preocupación por lo que estaba ocurriendo y más tarde llevó esa misma preocupación al Parlamento del Norte Grande, donde también obtuvo apoyo unánime, se dio horas antes de que la mayoría de los gobernadores de la región viajaran a EEUU en una inédita misión comercial en busca de fondos para potenciar la economía local. “Qué mal momento”, habrán pensado.

En 2016 ya había habido un escándalo diplomático similar, cuando el gobierno de Horacio Cartes impulsó un proyecto de ley para que un cuerpo de ingenieros de Estados Unidos estudiara obras para la Hidrovía, pese a que en Estados Unidos, también por ley, los ríos sólo pueden ser dragados por empresas norteamericanas. Por cierto, los ingenieros en realidad eran militares, y el trabajo que iban a realizar incluía 111 kilómetros en territorio argentino avanzando sobre la zona oeste de la costa formoseña.

El entonces embajador argentino Eduardo Zuain elevó siete informes a la canciller Susana Malcorra, y logró parar el proyecto de ley que habilitaba el ingreso de tropas yanquis a Paraguay. Como resultado se ganó el rencor del presidente Cartes, del canciller y del ministro de Infraestructura de ese país, al punto que la prensa paraguaya pidió su expulsión, y hasta recibió duros reproches de la entonces embajadora norteamericana.

De acuerdo a trascendidos de personas cercanas al caso, en esta oportunidad, el embajador argentino en Paraguay, Domingo Peppo, también habría tomado cartas en el asunto, y Cancillería ya habría intervenido para desactivar la amenaza que podría generar un conflicto diplomático con Paraguay para la actividad comercial de la Hidrovía y las relaciones multilaterales de los países miembros del Mercosur.

Estos datos relacionados con la soberanía nacional y con la independencia económica no ya de nuestro país sino de la región en virtud del interés que despiertan los recursos naturales como las reservas de agua dulce o litio, los bosques nativos y los yacimientos de hidrocarburos no convencionales, deberían ser prioritarios en la agenda. No lo son.

Como señala Atilio Borón en su nota “La ‘neocolonización’ de la Argentina”, nuestro país también “está consintiendo la sigilosa instalación de una base militar de Estados Unidos a pocos kilómetros de Vaca Muerta, sin que el tema haya sido discutido en el Congreso Nacional o en la Legislatura neuquina, y sin haber sido informado a la opinión pública”.

La agenda que excluye estos debates podría explicar el absoluto silencio de los diez gobernadores de la región sobre el escándalo de la Hidrovía. Pero también podría explicarse por el hecho de que están yendo a pedir fondos a Washington y Nueva York, y mal les iría si arrancaran sus conversaciones con la frase: “Muchachos, retiren sus tropas de nuestros territorios o nos levantamos de la mesa y nos vamos”.

Todo un dilema entre agenda, soberanía y pragmatismo.