Sectas

Opinión Política

Por Cristian Muriel

El Día de la Lealtad Cristina encabezó un acto de La Cámpora, un partido sin público visitante. Posiblemente por los riesgos derivados del reciente atentado y la necesidad de cuidarla. Pero la efervescente clase media blanca que colmó las tribunas dejó una sensación extraña, como cuando los vagos dicen que el jazz-fusión es música popular. Algo faltaba.

Cristina habló como si su papel en este gobierno estuviera terminado. O, mejor, como si desde el Senado estuviera no ya meramente legislando sino librando una batalla a todo o nada contra poderes fácticos (las corporaciones, el Partido Judicial, los sicarios) que se pasan por el culo la institucionalidad. La sensación es siempre que Cristina profetiza, habla del mañana. Que el hoy sólo sirve para planificar el retorno.

Dado su extraño papel en el gobierno, al término de este 2022 es improbable pretender que se esté gestando algo parecido a la experiencia de Unidad Ciudadana de 2017, ese poskirchnerismo rigurosamente desperonizado que se alejaba tanto del macrismo que se estaba llevando puesto al país, como del peronismo venal que había decretado la muerte de Cristina y le votaba todo a Macri.

Unidad Ciudadana (una coalición progresista integrada por rizomas del propio kirchnerismo, además del Frente Grande y el PC) no fue el kirchnerismo del 54%, pero su autoridad moral la justificaba en la coyuntura. Ahora bien: este kirchnerismo modelo 2022 tiene algo en común con el de Unidad Ciudadana: la ausencia de peronismo.

No alcanza el símbolo, el ocioso paralelismo con el retorno de Perón del exilio. El Estadio Único de La Plata, cubierto por inmaculadas banderas de La Cámpora, con su banda de rock, sus raperos y diyeis, con su animador que exigía al público rituales como sentarse o entonar estrofas específicas del Himno Nacional para que Cristina se manifestara en el escenario como una entidad mitológica, no conforman más que una medida autosatisfactiva.

Durante 48 horas leí los análisis más sorprendentes de cada línea expresada por Cristina durante el acto. Algunos muy buenos. Valoraron su defensa del litio y la Hidrovía como un guiño soberano; se solazaron con su caracterización de la Justicia y todo lo que ya sabemos que dice Cristina públicamente desde hace un buen tiempo, y que sin dudas compartimos. Pero la sobreabundancia de análisis es producto de la ausencia del único dato que importaba, el que ordenaba el resto de análisis y discusiones: si iba a ser candidata en 2023.

Sus razones habrá tenido, por supuesto, para no revelarlo. La embestida del Partido Judicial que no se detiene ni siquiera cuando se le derrumba el castillo de naipes de la causa Obra Pública, es una de ellas. La frágil situación económica es otra, con un Sergio Massa que si fracasa le complica las chances de ser candidata, y si tiene éxito también. Sabe que tiene que buscar aliados en otra parte, por eso los invitó a conversar con el peronismo. Lo que no dijo es a qué peronismo se refiere, porque en el acto no había ninguno.