Una madre y un pueblo que se siguen abrazando

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Por Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

Así dice el Señor: En Ramá se escuchan lamentos, lloro amarguísimo. Raquel que llora por sus hijos, que rehúsa consolarse– por sus hijos– porque no existen. (Jeremías 31:15)

Nuestra historia oficial ha llenado páginas, y más páginas con vidas o leyendas de personajes que debiéramos honrar como verdaderos “padres de la patria”. Dejando de lado que muchos de ellos ostentan una paternidad que no quisiéramos reconocer, sólo recientemente hemos empezado a reconocer y celebrar a aquellas verdaderas “madres de la matria”. Padres y madres que nos han dado la vida, que nos han engendrado y cuya paternidad y maternidad no se trata de bronces o de actos solemnes sino de vidas que engendran vidas, de caminos por caminar, de horizontes que otear.

Hoy, una madre, cambió de casa. Una madre engendrada por sus hijos, fue al encuentro de ellos después de haber dejado huella. Una madre gestada por el odio de unos pocos, eternos y permanentes odiadores, mostró con su carácter indomable que la venganza, la muerte y los modelos económicos gestados desde la indiferencia y el rechazo de los pobres y las víctimas pueden ser denunciados con nombres y apellidos. Mal que les pese.

Muchos llantos de madres fueron, en la historia, engendradores de esperanzas. Los dueños de la “historia oficial” seguirán ensalzando bronces y genocidas. Hoy, muchos y muchas hacemos presente una madre de carne y hueso, de pañuelo y plaza, de palabras y rondas sabiendo que la “matria” la sigue precisando y desde su historia, que es nuestra historia, que es marginal y desde las víctimas, la seguimos y seguiremos escuchando.

¡Gracias, Hebe! ¡Hasta la victoria, siempre!