Esopo

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

No habrá habido en la historia de la democracia argentina un aspirante a gobernador que se subiera y se bajara tantas veces de una candidatura como Gustavo Martínez. Es el rey de los portazos. O que dijera tantas veces una cosa y la opuesta. Porque no es lo mismo exagerar que violar la ley de los contrarios.

Y no habrá habido un dirigente más inconsecuente, porque además de la contrariedad lógica, está ese curioso rasgo psicológico suyo que le permite hacer piquetes y condenar los piquetes, no transferir fondos previsionales al InSSSeP y denunciar a quienes negrean trabajadores, esconderse durante la pandemia y cargar contra los funcionarios que no bajan al territorio, llevar a una empresa al borde de la quiebra y criticar la mala administración de sus sucesores…

En el trecho del dicho al hecho, en Gustavo se produce una fragmentación del yo. Su capacidad de pararse fuera de sí mismo, de aislar a las multitudes que lo habitan, es para estudiar en los claustros. La pregunta es: ¿por qué la sociedad no se lo reprocha? ¿Y sus seguidores? ¿Y sus socios políticos?

La sociedad no se lo reprocha porque no lo toma en serio (y esto va más allá de Gustavo, es un signo de la época). En cuanto a sus apólogos y acólitos, no están interesados en su apego a la verdad; los primeros -socios comerciales- están más preocupados por la cotización del dólar blue, el precio del metro cuadrado y el de los materiales de construcción; los segundos -su “tropa”- por la fecha de vencimiento del contrato y el dolor de rodillas. ¿Y qué hay de sus socios políticos, y en especial de Jorge Capintanich?

Los representantes del arco político chaqueño coinciden en que la candidatura de Gustavo a gobernador es un “bluff”. Su plan es simple: primero, retener Resistencia, para lo cual necesita que Capitanich no le ponga en frente un candidato que le divida el voto; segundo, retener la presidencia de la Legislatura, para lo cual tendrá que ver quién dentro de su entorno puede encabezar la lista de diputados provinciales (recordar que, tras una pelea poblada de rumores a cuál más escandaloso y siniestro, esta semana dejó la gestión municipal Laura Balbis, secretaria de Desarrollo Humano e Identidad de Resistencia; al decir de muchos su mano derecha); tercero, integrar la fórmula de gobierno provincial a través de su esposa y socia, Eli Cuesta. Si Capitanich accediera, estaría entregando el gobierno “llave en mano”. Pero la candidatura a gobernador de Gustavo es la demostración de que, por el momento, Capitanich no cedió.

Y esa reticencia a Gustavo lo vuelve loco, porque mientras los enviados del gobernador establecen o recomponen vínculos con viejos aliados con personería provincial para ir edificando lo que sería la amplia alianza que le permita capitalizar el sistema de colectoras, él se quedó sin amenazas para hacer y del otro lado no parece que se esté hundiendo el Titanic. Nuestro héroe encontró un obstáculo en la moraleja de su propia fábula, escrita por Esopo 600 años antes de Cristo, pero siempre actual: la del pastorcito mentiroso. O en el dicho popular que dice: “Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe.”

Esto no significa que no pueda dar vuelta el resultado, pero por el momento el malestar de Gustavo tomó cuerpo en una reciente entrevista en la que se quejó porque “hay muchos intendentes que acompañan al gobernador porque tienen la presión necesaria de la gestión diaria, y uno sabe cómo es esto: si uno no está alineado no recibe prácticamente nada”. Su propuesta fue una hoja de ruta para quienes se quieran subir al CER: “Ahora el código electoral permite que un intendente pueda ir en dos listas distintas de dos fórmulas de gobernador distintas, así que eso le va a aliviar mucho la presión a los intendentes”.

Paralelamente propuso: “También vamos a trabajar para construir en todas las localidades lo que cada uno de los referentes de la actividad económica, del comercio, de la producción, de la industria si existe referencia, de los sectores religiosos, del deporte, de la cultura, quieran hacer. Porque es muy importante que la política deje de imponer. En muchos lugares muchas veces los que tenemos alguna responsabilidad provincial es como que vamos y digitamos un candidato, queremos imponer, y la verdad es que terminamos haciendo macanas”.

Finalmente: “Uno dice: ‘bueno, en este grupo histórico de los políticos del pueblo no me dan participación, entonces conformo otro equipo con jóvenes’ -para hacer la primera experiencia, para ver cómo es, para poder ir haciéndose conocer-, y esto también está bueno porque genera mucha democracia y participación en los pueblos, que es fundamental.”

Gustavo ni siquiera tira mensajes por elevación: describe el diálogo telefónico que le hubiera gustado tener con Capitanich. La buena noticia para el Frente de Todos, siquiera momentánea, es que se queja en público. Significa que no le están dando cabida en privado.